Use advanced navigation for a better experience.
You can quickly scroll through posts by pressing the above keyboard keys. Now press the button in right corner to close this window.

Manuel Antonio Ramírez

VISION DE MISIONES en la poesía de Manuel Antonio Ramírez

Por Rosita Escalada Salvo

¿ Hasta qué punto una obra pertenece a su autor? Más concretamente: la obra literaria. Y más específicamente: la poesía.

Porque sabido es que cuando ésta se echa a andar, deja de ser nuestra y pasa a ser propiedad de quien la lee y encuentra en ella una identificación de sus vivencias o sentimientos.

Por lo tanto, ahondar en la visión que tuvo el poeta al escribir, sin conocerlo, sin tener cabal acercamiento al momento creador, al “lei motiv” central, es pura presunción y hasta puede llevarnos por senderos equivocados el querer penetrar en la densa selva de la creatividad.

No obstante, nadie más indiscreta que la poesía: desnuda el alma y deja leer entrelíneas. Podemos equivocarnos o no, al prejuzgar tal o cual circunstancia; y más que entender, podemos presuponer.

Por eso, antes de pretender un acercamiento a la poesía de Manuel A. Ramírez, debemos intentar conocerlo. Y esa tarea supone armar las piezas de un rompecabezas que – sin lugar a dudas- quedará incompleto, ya que no hubo, hasta la fecha, un biógrafo que investigara su vida y su creación literaria. Sólo quedan páginas dispersas, anecdóticas, o amarillentos recortes de diarios de la época.

Felizmente, siempre hay quien da valor a los papeles y tiene la “manía” de guardarlos. A esa previsión y a la generosidad del artista Lucas Braulio Areco, destinatario y poseedor de cartas del vate, debemos la posibilidad de conocer, por boca de Manolo – aunque él firmaba siempre Ramírez- algunas facetas de su personalidad.

Precisamente le decía a Areco en una de sus cartas:

“ en cuanto a tu temible y formidoloso proyecto de biografiarme, haceme el obsequio de no asustarme. Hacer mi biografía en vida será matarme. Dejate de fantasías peligrosas. Qué te cuesta esperar un poco…

pensar que mis cartas inocentes irían a provocar tal proyecto en tu cabeza…aunque no quiera, ahora las escribiré con cierta prevención, así como posando para el futuro. Sí, ya escribo como para la exportación…”

( Octubre 17 de 1938 )

¿Premonición? Ocho años después, moriría trágicamente.

Autorretrato del poeta

En otra carta, fechada el 6 de abril de 1941, confiesa un juego con fotografías:

Y me tapé media cara. Era la mitad derecha. Quedé frente a un alma sombría, un ojo apagado; allí no entraba luz y en silencio puede haber enormes y espantables simas de rencor hacia la vida; pero la ceja es un perfecto dique que no deja pasar negruras a la frente indiscutible, tan alta que me pesa como un cielo inmerecido, tan ancha que en sus imaginaciones me extravío y me fatigo y estoy sin rumbo. Y corrí el papel dejando la otra mitad al descubierto. Allí me encontré como quiero, y me pareció que tenía un aire de minuciosa curiosidad hacia algo nuevo que venía. Habrás visto a los perros cuando juegan a la escondida con uno. Y vi que venía de esa mitad, no sé si de los ojos o de los labios, un acerado empuje, sutil pero fuerte…”

Areco dice que Ramírez mostraba una discontinuidad formal, aún en plena producción literaria. Discontinuidad que él mismo reconoce.

“ otra vez me hablas de mis versos y las musas. Y de nuevo te digo que continúo activo; las musas andarán por ahí, espantadas, entre borradores de hace un año, o quizás se han ido para siempre. Soy nada más que una barba rojinegra, hosca, agresiva, llena de humo…”

( Dic. 13/36)

Todo poeta, todo escritor, tiene también inclinaciones hacia otros aspectos del arte, que no hacen más que confirmar esa avidez por captar, de alguna forma, o de todas formas, a través de los sentidos, la realidad que los rodea. Algunos pocos lo logran y con éxito: Areu Crespo, Ramón Ayala, el mismo Areco.

Ramírez confiesa:

“ Alguna vez empecé a aprender el difícil manipuleo de ese instrumento que al decir de Rubén Darío tiene voz y cuerpo de mujer; ya le sabía tocar las caderas a la guitarra…y algunas notas fáciles que no me acalambraban los dedos. Empecé, como te digo, el aprendizaje, y salí debiéndole una docena de pesos a P., con todo el sentimiento que es de suponer. Pero P. Y el profesor de guitarra me deben a fin de cuentas mucho más; me deben el deseo que me quedó de ejecutar “ Un  momento musical” y “Una lágrima”. Ellos puede ser que cobren los doce pesos alguna vez; yo, nunca tocaré más que una polca que sé con una sola cuerda y que me quema toda la yema…”

(Dic. 13/36)

También dice haber comenzado los estudios de piano – durante un año – y admite que tuvo  líos con el violín.

“…pero de líos no pasó, porque no entré al conservatorio a causa del miedo que le tenía a la profesora de solfeo. No sé si de tantos instrumentos musicales que estuve por aprender, ahora ando sin saber qué pitos tocar!…”

(Idem)

Tal vez  la dualidad, en el juego de las fotografías, presente en cada uno de nosotros , nos haga comprender mejor a este magro, pálido fumador hasta el ahogo, poeta de los social, místico del paisaje, enamorado de la vida.

Su mitad negativa le hace decir:

“…este mundo que apesta a nafta, a plata sucia, a pólvora y a yerba con caona.(…) Yo, que en llegando el lunes y el viernes tengo que ponerme en fila con la vida…que tengo que calzarme el chaleco molesto de la fecha y aguantar por veinticuatro horas el cuello saavedralamasiano de las ídem a fin de sacarle a la radio los informativos para el periódico; yo, entre números de días, teléfonos, páginas, dial y resultado de match de basket-ball, te envidio esa libertad…”

(Febrero 14 de 1936)

Pero es, tal vez, la soledad el pozo más profundo de su existencia. La carencia de una familia, la falta de identificación con la figura paterna, la misma convivencia con esa “ tía” que, en verdad, era su madre; la falta de hermanos, se traduce en versos desoladores:

“mis tardes vacías de pájaros y de risas de niños”

( “ Palabras para la niña que olvidaron los Reyes Magos”)

y seguirá nombrando: “ tardes vacantes”, “ tardes desiertas de alegres miradas”, “tardes inútiles”. Se verá a sí mismo como a “un viejo de veinte años y un millón de arrugas”, “ inofensivo como puñal de ceniza” y de “ ojos encanecidos”. ( Poema citado)

Hay una tendencia hacia lo lúgubre: “ y fue mi triste voz negro harapo en el viento” ( “ Líneas de sueño”) que quizás hubiera podido rescatarse si el amor de una mujer hubiese iluminado la vida del poeta. Pero a juzgar por sus mínimas confidencias epistolares, y por el recato propio de la juventud de esa época, el tema era La Mujer en general y no Una Mujer, en particular.

Sorprende la alusión reiterativa de las “ ninfas rubicundas”, en sus cartas, pero como incentivo para la creación.

Amor + Dolor = Creación

Al mejor estilo de los románticos, afirma:

“ para crear, hay que sufrir. De la angustia salta la llama azul”

“Y sólo el Dolor, o el Amor, que es el dolor más diabólico o divino, o mezcla de ambos, nos permite crear, y estar siempre insatisfechos de la obra y seguir creando. No creo que la alegría cree nada más que ruido y cosa efímera. Baste hacer memoria para comprobar que uno no ha escrito nada bueno, ni un verso verdadero, estando alegre o satisfecho. En cambio, con la inquietud de estar lejos de la mujer, o cerca, atravesado por el celo, que luego nos parece imbécil, sacudido por el deseo, aplastado por la ausencia, enervado por las esperas, etc .etc. etc….el alma se vuelve tensa como cuerda sonora, se enciende la idea, se produce un mágico cambio en la imaginación.”

( Enero 20 de 1937)

Entre los motivos de la creación, la lluvia, con su entorno de aislamiento, de melancolía y hasta de protección, ha influido notablemente en M. A. Ramírez. y no es de extrañar, ya que esta región se caracteriza por las intensas y extensas lluvias subtropicales que arrasan cuando aguaceros y aplastan cuando tormentas, perpetuando la rutina, el aburrimiento y hasta una “ fiaca” confesa, en los días de invierno.

“ La medianoche hace mucho que pasó. Llueve mansamente; fumo. Ese rumor suave de la lluvia es tan agradable y este cigarrillo tan bueno, que siento por los que están durmiendo. Sé que comprenderás este montón de cosas inútiles que escribo a las tres de la madrugada rodeado de lluvia, de humo, de silencio; solo.”

( Fechada en 1937)

Lluvia y proceso de creación. Y subyacente, cierto desprecio por el resto del mundo:

“…me dispongo a teclear largo y tupido al compás de la lluvia nocturna que lava el cielo del sábado – sucio de toda la semana- para que brille el domingo como una moneda auriazul en la amarga mano de la humanidad pordiosera y maldiciente.”

( Dic. 13 de 1936)

Y la metáfora plena de expresiones figuradas:

“ Ha cesado de llover y los perros del barrio ladran al silencio, que les contesta con agujeros de sonido donde brilla la estrella del eco. Fijate que los perros son hidrófobos también en las noches de lluvia. No ladran a la lluvia porque no les entre agua a la boca.”

(id.)

Y luego de una prolongada enfermedad – ¿ consecuencia de su empedernido hábito de fumador?):

“ Hace dos semanas que no asomo la nariz por la imprenta ni por el centro, debido a la enfermedad, un dolor de paleta que me acostó, y luego las malditas lluvias. Es un escándalo: tenemos que enviarle un telegrama a San Pedro para que haga revisar el piso del cielo; está todo agujereado.”

( Martes 18 ¿?)

Lluvia y soledad, con el deseo de una presencia amada:

“ Soledad de la lluvia

en esta noche por la calle larga.

Desamparo de focos bailoteando

En un viento fantasma.

Esta noche

Se diría que llora la lluvia solitaria.

Ir contigo, cruzando

Esta pluvial tristeza, amada.”

(“Bajo un vulgar paraguas”)

Y una verdadera perla literaria: cuenta Ramírez que una mañana chorreada y llovida , él y Lentini Fraga, su colega en el diario y en el arte de hacer versos, trajeron sendas poesías sobre el tema de la lluvia, para ser publicada en el periódico “NOTICIAS”. Obvio, dos poemas sobre el mismo tema, con puntos de similitud, sería una repetición.. resolvieron el problema de la siguiente forma: con un título en común, intercalaron dos versos de cada una y formaron una sola. “Llovía y quedamos asombrados de nuestra inteligencia frente a la lluvia analfabeta”. ¿ Se publicó tan original creación? ¿ Firmaron ambos? Incógnita para futuros investigadores.

De todas maneras, la lluvia – símbolo de ablución – le hará decir finalmente: “ Eso falta en la angustia de nuestra vida impura:/ besos como el del agua, gozos como el del viento” ( “ Al amor de la lluvia”)

Misiones en la visión del poeta

Varios núcleos temáticos pueden extraerse de su producción, no tanto por la cantidad como por la densidad con que abordara tales temas, y por la presión que ejercieron en su espíritu.

El río, el árbol, el clima, en directa relación con la naturaleza. El aspecto social, que también conforma un núcleo temático, abarca los niños y el indio.

Así como la lluvia es una presencia que influye notablemente en los estados de ánimo – y en su físico, tan suseptible a los cambios atmosféricos, especialmente a la humedad – sin dudas la calidez de estas regiones subtropicales, en un Posadas aún no asfaltado, con nubes de polvo que ahogaban a los transeúntes y a pesar de que los Ford T de la época no levantaran excesivas velocidades; en un tiempo en que el aire acondicionado formaba parte de la ciencia-ficción, y los ventiladores – cuando los había- apenas esparcían aire caliente, el clima caluroso, abochornante, debió dejar sus huellas en la creatividad del poeta.

“42º C” resume esa impresión; los sustantivos cobran inusitada fuerza y vigor: sopor – siesta – fiebre- pereza- catre – llama- lagartijas – fuego.

La adjetivación es precisa y absoluta: delirante- calcinado- cárdeno.

Los verbos reafirman: enrojece – achicharra.

Hay una metáfora inédita:

Cielo = celeste llama de alcohol.

Comparaciones acertadas:

“ …el sopor de la siesta como un mono beodo”

Y personificaciones:

“ la tierra enrojece con rabia de alacranes”

“sueño torpe que succiona el silencio/ se achicharra en los patios”

En “ Canto a la hora doce”, la tierra es brasa oscura; hay un sol al rojo blanco; la atmósfera es  de fragua  y siguen las metáforas que dan idea de calor: danza ígnea, tromba de luz sonora, ecuadores de locura, torbellinos candentes, tropel de infierno, ascuas aladas.

La supuesta enfermedad pulmonar, no comprobada, la humedad, el calor, justifican estas líneas:

“…en vez de ‘razones de salud’ hubiera sido más veraz decir que fue por ‘poderosas razones de fiaca’. Palabra que celebro, quizás, por primera vez, haberme retirado en completa armonía. Debí hacerlo; cinco años hace que emborrono papeles y es justo que deje de molestar a los demás. Y también es justo que me dejen dormir a toda presión de mi fiaca mayúscula y piramidal…”

(Feb. 22 de 1937)

Para los que conocen la zona, sabido es que la siesta es un ritual ineludible, porque la presión de esas horas caliginosas no sólo embotan el cerebro, sino que impiden toda actividad física normal.

Y una de las mejores imágenes de la siesta, nos brinda M.A.Ramírez cuando dice:

“Amarillo silencio como un cubo de aceite

queda grande la casa cuando los otros duermen.”

( “Siesta”)

Pero Misiones atrapa al visitante, y más si por libre elección se la toma por residencia. Contemporáneos suyos quedaron presos por un lujurioso paisaje, ensamble de razas europeas y nativas, donde cierto realismo mágico desdibuja los límites entre lo vivencial y lo mítico.

Horacio quiroga se instala en San Ignacio y desde allí, en las fronteras de una mente alucinada creará sus cuentos de amor, de locura y de muerte.

A fines de 1934, en diciembre, Ramírez y Areco deciden conocer al huraño profeta de la selva. Para ello, emprenden un viaje por viejos caminos, entre el calor y el polvo, en un vehículo no menos añoso. Llegaron al mediodía y con un calor de horno se dirigieron a pie hasta la casa del escritor. Los recibieron los perros, con sus ladridos. Después de un momento, apareció Quiroga con su atuendo habitual: desnudo hasta la cintura, magro y tostado, viejos pantalones descoloridos que terminaban en barrosas botas. Un sombrero de paja a la cabeza…

Ambos se presentaron como periodista y poeta respectivamente. Quiroga exclamó mal oficio eligieron. Y ahora se van porque estoy ocupado. Ya me conocieron…

Cuenta Areco que ya en el hotel del pueblo, ante dos vasos llenos, cansados, sudorosos, afloró el humor de Ramírez con una carcajada:

- No se te ocurra contar este episodio a nadie.¡ Qué grande! ¡ Qué lindo tema para un cuento absurdo!

Y como Quiroga, Germán Drass, que se plasma en cuentos con garra, con una completa interiorización del drama del hombre y del medio. Varela, el periodista que de un chispazo, supo comprender toda la tragedia social en “El río oscuro”. Y Acuña, Arbó y tantos otros, en quienes la influencia del paisaje y de los endriagos fue una constante.

Entonces no es de extrañar que Ramírez se sienta árbol; hay una transmutación que acertadamente analiza Inés Skupieñ:

“ Tres poemas: ‘Arbol’ , ‘ Puntas de cerros como islotes’ , ‘ Uruguay’ , describen el ciclo del árbol, que Ramírez utiliza como un símbolo: el árbol es el puente y el sostén del cielo y comprende el secreto de la agonía del espacio, para compartirlo con el poeta”

( “ Poetas de Misiones”)

Dice Areco:

“ La vastedad vegetal lo amarró a su embrujo. La fronda con sus altos corredores, los cordajes de sus isipós, la masa misteriosa de su entraña siempre intacta, el florecido milagro de las orquídeas le entregó dócilmente la fuerza primigenia de su razón de ser, como iniciado que era de sus misterios.”

Pero no solamente en su poesía aparece el paisaje de Misiones. Aún permanecen inéditas – y quizás hasta perdidas e irrecuperables- sus “ Imágenes Regionales”, breves pinturas de pueblos, costumbres, hombres. Algunas han sido rescatadas gracias a la publicación en revistas y periódicos de la época.

Y hay lirismo en la descripción de Posadas, las Ruinas, la Picada…

“Tendida sobre la nativa loma con su abigarrado caserío del puerto y su damero blanco, rojo y gris del centro; con sus arboledas y quintas lujuriosas; mimada y ceñida por el enorme río en amoroso abrazo que bendice un cielo maravilloso, está Posadas, Ciudad-promesa, capital de la selva.”

Preanuncia su futuro de puerta al país, con la venida del acero, pero no obstante, la permanencia de una voz de leyenda que le habla en noches embalsamadas de azahar y niñorupá, persiste.

Las Ruinas – de San Ignacio- a las que hacía frecuentes excursiones, le hacen escribir:

“ Las Ruinas Jesuíticas, rastros de un mundo pretérito, se asoman a la vera de algún camino de Misiones. Llegan caravanas de turistas o solitarios estudiosos; a veces de instala un bullicioso pic-nic y hasta se oye un fox…Pero eso es lo episódico, breve, intrascendente. Lo verdadero es la inmóvil lucha entre la selva y la piedra labrada. Los Dioses del continente conquistado se han vuelto selva: toda la magnitud de Dios se ha vuelto roca.

La inmensidad del drama se mide por la intensidad del silencio que allí reina.”

Y la Picada es hilo de luz en la noche vegetal, o bien arterias violentas, abiertas a machetazos por pioneros y baqueanos. Ellas dejaron al descubierto no sólo nuevos horizontes sino una realidad rotunda: una nueva verdad básica y permanente: la tierra colorada.

Estas Estampas Regionales conforman un proyecto del libro que, según el autor, se titularía “ Motivos de Misiones” y probablemente la idea era que fuera ilustrado con viñetas de Lucas Braulio Areco. Pero el libro nunca se editó.

Con respecto a sus escritos en prosa, Nélida Giménez Giorio de Colombo – una estudiosa del medio -, en su libro “Misiones a través de sus poetas” , decía tener unas veinticinco viñetas o estampas. Por los títulos, el tema de los pueblos y su gente se reiteraba: “ Los Cerros”, “ La Jangada”, “El Río Uruguay”, “ Las Chacras”, “ El Pulseador”, entre otras.

En una de sus cartas, la descripción, brevemente irónica de un pueblo ( Candelaria) bien podría ser una viñeta más:

“…en ese pueblo de los centenarios, que bien conozco; desde la vela de cemento que sostiene la gloria de Belgrano hasta los pintorescos alrededores que se prenden victoriosamente con su campera gramilla a la vejez de las calles aburridas de perros sentados que el tiempo olvidó. Te parecerá medio rara la frase, pero así siento a Candelaria. Una alfombrita de grana y un perro criollo esperando algún milagro…”

(Enero 20 de 1937)

Oberá es un Shanghay en plena selva. Puerto Universal. Ya entonces la confluencia de los idiomas y de los credos, que afirman hoy ciento veinte iglesias distintas y hacen, de la Capital del Trabajo, un mosaico étnico que florece, con sus costumbres y tradiciones en las fiestas de las colectividades.

Pero por aquellos tiempos:

“ La fonda se llena de humo y de palabras en treinta idiomas. Se ve y se puede tomar una copa con santos y demonios de carne y hueso: campesinos que fueron cosacos, millonarios que son pingajos; sabios, pícaros, contrabandistas y predicadores, mercaderes, asesinos y fulleros, espías…”

Y a tal punto la influencia del paisaje es decisiva en el alma sensible de quienes anclaron en estas tierras llenas de mitos y leyendas, que transcribo íntegra la Estampa, que no necesita mayores comentarios:

“ La región de San Ignacio es una de las más interesantes de Misiones. Todos los caminos de la fantasía llevan a ella. Allí, en la confluencia del Paraná y el Yabebirí

está el Teyúcuaré, morada del dragón legendario que asolaba las aguas. Allí, cabalmente allí, surgió Anaconda para el gran viaje. Y allí vivió Horacio Quiroga, nuestro Rudyard Kipling, entre las figuras de sus relatos.

En el hosco cerro de la confluencia habitó Germán Dras cuando por su existencia cruzó Kalevala, dorada cabellera y ojos turquesa. Allí pinta Giambiagi. Allí han estado y seguirán llegando, soñadores, poetas, religiosos, proletarios, locos, artistas y alucinados; todos los que llevan un pájaro azul en el cerebro y una brújula de humo en el alma. Las naves de esas existencias, mitad carne y mitad sueño, llegaron y seguirán llegando a Misiones y derivando hacia allí donde está el polo magnético de la fantasía, en el abrupto cerro del teyucuaré, casi tocando el cielo.”

( El Imparcial – Abril de 1945)

Una constante en la poemática misionera: el río

No he descubierto aún poeta, pintor o cantautor regional de valía, que haya escapado al influjo del “Padre de los Ríos”, el gran Paraná.

M.A. Ramírez nos ha dejado uno de esos poemas que figuran en casi todas las antologías, y con ése solo rinde su homenaje a la presencia que regula la vida de una y otra orilla : Posadas/ Encarnación.

Pero no son ni las jangadas, ni el camino del mensú que no retorna, ni el paisaje, sino el indio, el que se le asemeja:

“ Este río es un indio que no quiere entregarse

esperando una aurora que jamás va a llegar”

Lo social-aborigen, que también aflora en otros de sus poemas y estampas regionales , plasma aquí las figuras de ambos y las convierte en una sola:

Este río es un indio que parece dormido

en la selva y que salta como recio jaguar”

Triple transmutación: río-indio-jaguar:

“en mitad de la sangre lo llevamos tendido

como un arco instintivo apuntando hacia el mar”

El círculo se cierra en cada uno de nosotros, los habitantes costeros:

“Cuando el indio está triste las barrancas se azulan

van musicales islas en un lento soñar,

las gargantas cobrizas de la tierra modulan

una canción más honda, más lejana que el mar”

Tristeza de la tribu sometida, dispersa, acorralada, despojada, con el río por testigo:

“ Este río es el alma del nativo paisaje”

El paisaje se le había metido en la carne – dice Lucas Braulio Areco-, el amigo con quien daba frecuentes y largos paseos por esa costanera. Y tal era su obsesión que, con sentido premonitorio habló de un castillo para poetas, en la escarpada costa:

“ – Sabes, allá arriba debería construirse un castillo como los del medioevo, con muchas ventanas hacia los cuatro vientos. Para que allí vivan los Poetas y puedan mirar al Río siempre distinto y a toda hora. Un castillo con muchas y altas almenas para que se posen confiados los pájaros y hagan nido; que sirva de reclusión a los sensibles como nosotros y nos proteja de los traficantes del bíblico plato de lentejas…”

Y agrega Areco:

“En aquella tarde de junio del mismo año de su muerte, el Poeta de Misiones, por antonomasia, había señalado con dedo profético el sitio de su cercana gloria. La sensibilidad de su tierra dio su nombre al Anfiteatro que hoy se reclina sobre las barrancas por él soñadas para el asiento del castillo de los Poetas…”

( Revista de Cultura nº 3 – 1962 )

Anfiteatro “Manuel Antonio Ramírez”, digno escenario de Festivales Folklóricos que dejan caer, en las noches de verano, las notas de guaranias, polcas, chamamés, galopas, gualambaos, con letras de nuestros poetas del pueblo. Pero el pueblo quizás ignora por qué se le dio tal nombre al Anfiteatro.

Otro recinto de los sensibles, de los artistas, también mirando al río, también en una cima: el Taller de Arte Cerro Pelón, del recordado Otaño, lugar de reuniones que perduran en el recuerdo.

M. A. Ramírez también le cantó al otro río, al otro brazo que ciñe a Misiones, al Uruguay:

“Tibio letargo de siesta lejana,

resplandor de lapacho florido sobre cerro gris,

grito de monte,

fuerte olor de hoja verde

van frotando las escamas de tu cuerpo engañoso.

Río que sé en trozos,

bello cuento que no llega al mar”

( Uruguay pedazos de cuento )

Más claro, más rumoroso, más dulce, el “ río de los caracoles” – según unos- o “ río de los pájaros” – según otros- no ha motivado lo suficiente a nuestros poetas,  que prefieren al de leonado color, embravecido, indómito, con su caudal de historias quemantes y de muertes a la deriva.

Lentini Fraga, Varela, Areu Crespo, lo tomaron por personaje y escenario, dándole vida.

Presencia del indio en la poesía de M. A. Ramírez

Dos extensos poemas perpetúan la memoria de dos indios, personajes pretéritos: cacique el uno, héroe el otro.

“El poema de Oberá” sintetiza la lucha y la convivencia de los idiomas, captado lúcidamente por Ramírez y que se enquista precisamente en la hoy pujante ciudad de Oberá. ( Debió llamarse Overá; en idioma guaraní, la b sólo se utiliza seguida de m.)

Una de las características del habla de Misiones, es, justamente, la influencia que el castellano de esta zona sufre al convivir con el guaraní – por la vecindad con el Paraguay y por sustrato propio- y con el portugués, debido a su frontera con Brasil. Otros aportes influyen en menor medida marcando cambios en el léxico, la sintaxis, la fonética ( polaco, alemán, suizo, japonés…)

Pero el el caso del idioma guaraní, éste fue hablado desde los comienzos y prueba de ello son los numerosos toponímicos que nombran a pueblos, arroyos, ríos ( Capiovy, Mbopicuá, Cuña Pirú, Yabebirí, etc.)

Pero estos nombres aluden a circunstancias o cualidades : Capiovy= pastito azul; Mbopivuá= cueva del murciélago. Cuñá Pirú = mujer flaca; Yabebirí= río de rayas y no a personajes de la mitología guaranítica o a caciques, excepto el caso de Oberá; y como reivindicación, el de Comandante Andresito ( por Andrés Guacurary).

Dice Ramírez, refiriéndose al idioma de la tribu autóctona:

“ Un habla de arroyo y pájaros

hablaba la tribu indómita,

lenguaje de arroyo poeta

sobre la tierra amorosa.

Y lo que fue enfrentamiento entre la raza indígena y la española, también se tradujo en lides del lenguaje:

Fue entonces que comenzó

guerra dura hasta ahora

de silencios y palabras

y de idioma contra idioma.

Sabido es que la ciudad de Oberá alberga a los más variados grupos étnicos, que conviven en mutuo respeto de cultos. De ahí el acierto del poeta:

“Pero se encienden en ecos

los oídos y las bocas.

Hay treinta razas luchando

con las armas del idioma

silencio, grito y palabra,

luz, gavilán y paloma.

Hay treinta cantos luchando

selva verde, tierra roja,

y en el pueblo de Oberá

bajo las nubes atónitas

-          maldición o bendición –

se levanta Babilonia.”

El otro poema “ El caraguatá” está dedicado a Andrés Guacurarí, el indio protegido de Artigas, que llegó a ser gobernador de estas tierras y murió luego de defender a su gente, su identidad, su patria.

Ramírez inventa la leyenda del caraguatá. O tal vez la escuchó en boca de anónimos transmisores de la cultura popular.

Valiéndose del octosílabo propio de las epopeyas, narra la gesta comandada por Andresito.

Son ocho estrofas donde hay una transfiguración del paisaje que se asimila a la tragedia, a la muerte y transmutación del indio.

Preparación del escenario:

“El viento norte en la noche

rugía como un jaguar

herido en cerros y sombras

y su gran voz fantasmal

sacudía la honda selva

y el inmenso Paraná;

iba clamando venganza

en la negra soledad,

venganza contra invasores

que hollaron nuestra heredad ,

clamor por mi heroica tierra

que asolaron sin piedad.

Surgimiento del héroe:

Y otra gran voz en la noche

se irguió – raza de jaguar-

acaudillando alaridos

en salvaje vendaval;

(…)

el Comandante Andresito

iba en rudo batallar…

Paso del héroe:

(…)

por las épicas cuchillas

del Paraná al Uruguay.

(…)

Luego, la agonía:

…………….y en la faz

del indio que allí agoniza

llueve ceniza mortal.

El preanuncio de su gloria:

(…)

todo el bronce de su cuerpo

moreno mármol será

cuando canten los zorzales

bajo la gloria solar.

Las dos estrofas que siguen describen la transmutación:

(…)

sus raíces encendidas

clavan garras de ansiedad

entre las rocas salvajes,

sobre la tierra natal:

(…)

aurora de sangre india

con espinas de ansiedad,

bravía hoguera de flechas,

corola de gesta impar,

llama de duros carmines,

gritos de rojo metal

(…)

Y, finalmente, el milagro:

Sobre las rocas salvajes

-barrancas del paraná-

de un recio pecho aborigen

partido por la mitad,

nació, clamando venganza,

la flor del caraguatá.” (*)

  • Con respecto a su muerte, dice el historiador Salvador Cabral: “La mayor parte de los historiadores (…) coinciden, al hacer referencia a la muerte de Andresito, en que su trágico fin tuvo lugar – sin que concuerden aún sobre la fecha exacta- en el sótano de los calabozos de las islas Das Cobras, en Brasil, sobre el Océano Atlántico”

(Salvador Cabral: “ Andresito Artigas en la Emancipación Americana” pag. 197 Castañeda)

Este poema mereció el Primer Premio en el Salón del Poema Ilustrado en 1945.

La temática social

Tanto en los escasos poemas que se rescatan, como en sus Estampas Regionales, aflora una preocupación por el destino de los débiles, los pobres, los desheredados.

Así, en “Tareferos”, expone:

“ Para la época de la zafra se ve cruzar las picadas de Misiones a los tareferos. Son los que cortan las hojas de la yerba. Tienen pequeña estatura, ojos aindiados, pómulos salientes, piel morena, manos rudas. Mujeres y niños trabajan a la par del hombre, en una carrera con el sol, con las brutales ponchadas y con las necesidades de todo un año.

Ellos no tienen yerbales ni camiones. No saben de cupos. Su lujo máximo es un par de alpargatas. Ellos y sus hijos van entre abismos de miseria, de alcohol, de ignorancia y de enfermedades. Ellos no tienen nada más que el color ocre de nuestra tierra, nada más que la esperanza de los yerbales infinitos y una luz de guarania en las pupilas retintas.”

Los niños pobres, que habrá visto cada vez que paseaba por la costa del río, los niños que no tienen juguetes para Navidad ni para Reyes, le dictaron, sin duda, estos versos:

“ Con las focas y cebras y osos

de un zoológico pretérito

y con los raudos gallardetes policromos

de un recuerdo feliz,

te haré una fácil calesita de versos

que suenen a música minúscula

de teatro infantil”

(“Palabras para la niña que olvidaron los Reyes Magos”)

O “ Al niño que cumple diez años en el sillón de ruedas”:

“Ahora, quebrado tu asombro inocente

la vida se muestra cual prohibido juego.

Tu silencio inmóvil le dice a la gente

la enorme injusticia de un dios inconciente ,

pajarito triste que olvidó Carriego.”

Esa sensibilidad especial que le hizo tener ojos para los más desposeídos, lo habrá acercado al Socialismo, partido al que apoyó con el ímpetu de su juventud.

Tronchada su vida en plena producción literaria, nos queda la incógnita de lo que hubiera cantado con su voz de poeta y lo que hubiera significado para la lírica misionera con sus versos de avanzada, al gestar, en estas regiones y lejos de toda influencia capitalina, un movimiento vanguardista con notas de futurismo.

Despojado de la vida terrenal, le queda la segunda de las vidas que nombrara Jorge Manrique: la de la fama-

Y valen para él sus mismos versos, para esa cita no anunciada que tenía en Los Otros Recintos:

“ Vagoroso esperaré tu encuentro

en cualquier esquina,

porque mis tardes no tienen puerta de entrada

y se diluyen en los ríos del cielo”

***

Este trabajo mereció el Premio Federal de Humanidades 1987, el en Concurso convocado por la Fundación Caja Nacional de Ahorro y Seguro.

Leave a reply

 

small_keyboard